En el nuevo año, centraremos nuestra atención en las palabras que usamos y su poder para apuntalar dinámicas de poder peligrosas en la industria. 

Las palabras son las que dan forma a nuestras ideas. Tienen el poder de moldear nuestras realidades. Y, de forma intencionada o no, las palabras que elegimos pueden influir en la dinámica de poder de grupos y comunidades. En ACDI/VOCA, nuestra misión es ayudar a las personas a lograr una vida mejor mediante la prosperidad económica y la inclusión social. Por lo tanto, si creemos en la inclusión social, la forma en que nos comunicamos en relación a las personas excluidas es importante.

Como expertos en comunicaciones, siempre buscamos formas de contar historias genuinas sobre las comunidades a las que servimos, pero no siempre es fácil, especialmente cuando esas comunidades son remotas o están marginadas. Si a esto le añadimos los numerosos términos de la industria ligados a prejuicios neocoloniales, patriarcales u occidentales, aumentan los recelos sobre cómo contar esas historias.

Sin embargo, de la misma manera que nuestros expertos técnicos de todo el mundo utilizan la comunicación para el cambio social y de comportamiento para promover la inclusión de mujeres o jóvenes, nosotros también estamos recurriendo a la comunicación, en forma del lenguaje inclusivo. ¿Qué entendemos por lenguaje inclusivo?

El lenguaje inclusivo no refuerza los prejuicios que discriminan a las personas por raza, sexo, discapacidad, condición de inmigrante u otros factores. Tampoco establece un grupo dominante como la “norma” y un grupo minoritario como el “otro”.

En A Progressive’s Style Guide, publicada por la organización mundial sin fines de lucro Sum of Us, el lenguaje inclusivo sigue estos principios centrales:

  • El lenguaje de las personas primero coloca a las personas antes de sus descriptores, por ejemplo, “personas con discapacidad” y no “discapacitados/as”.
  • La voz activa empodera al sujeto de una frase haciendo que realice la acción, por ejemplo, “el agricultor vendió sus productos” y no “los productos fueron vendidos por el agricultor”.
  • La autoidentificación respeta la forma en que las personas deciden hablar de sí mismas, por ejemplo, “no binario/a” y no “transgresor/a de género”.
  • Los sustantivos propios nombran a personas o lugares específicos sin diluir o hacer asociaciones amplias, por ejemplo, “wayúu” y no “pueblo indígena”.

A pesar de que ACDI/VOCA ha trabajado en más de 150 países desde 1963, la forma de hablar de nuestro trabajo está en constante evolución, al igual que nuestras normas editoriales. A continuación, se detallan algunos de los cambios que hemos realizado en los últimos años y el motivo por el que hemos hecho el cambio.

BENEFICIARIO

Un “beneficiario” es alguien que recibe ayuda, a menudo a través de caridad en el caso de las organizaciones sin fines de lucro y ONG. Para ACDI/VOCA, el término “beneficiario” no corresponde a menudo a nuestro trabajo. Más que distribuir ayuda tradicional, como raciones de alimentos o suministros, colaboramos con gobiernos locales y socios públicos y privados en objetivos a largo plazo durante varios años. Este modelo asegura que todos los esfuerzos sean propiedad de quienes están en el centro, y ACDI/VOCA está ahí para facilitarlo.

“Beneficiario” también da a entender que hemos determinado quién está necesitado, qué tipo de ayuda necesita y cómo la recibirá, nada de lo cual coincide con la realidad. El desarrollo mundial es una vía de doble sentido, en la que aquellos a quienes servimos y con quienes nos asociamos contribuyen a los resultados. En los últimos años, hemos utilizado los términos “participante”, “socio” o hemos nombrado a un grupo específicamente. Estas alternativas permiten un mayor espacio para descripciones humanizadas de nuestros participantes y por qué se relacionan con nosotros.

EN EL CAMPO

“En el campo” es una expresión rápida para distinguir entre nuestra oficina central en Washington, D.C. y las muchas oficinas de programas que implementamos en todo el mundo. El problema con esta frase es que traza líneas innecesarias entre “nosotros” y “ellos”.

Entendemos que sigue habiendo trabajo de campo. Pero el término “en el campo” ha caído en desuso, ya que el desarrollo mundial se ha alejado de la percepción de que el personal con sede en Estados Unidos “llega en paracaídas” para apoyar a otros países. El escenario de personal de la oficina central trabajando “en el campo” corre el riesgo de crear una falsa sensación de que esas personas son, de alguna manera, más capaces que los más de 1.000 empleados de las oficinas nacionales de ACDI/VOCA en todo el mundo.

También ignora nuestros programas que tienen lugar en ciudades densas que no encajan en los estereotipos de la ayuda exterior tradicional. Muchos programas de desarrollo se han movido en esta dirección. Después de todo, la población urbana no deja de crecer: el 55% de las personas viven en zonas urbanas, según el Banco Mundial.

En lugar de “en el campo”, nuestro objetivo es nombrar la ubicación específica de la oficina o utilizar términos como “operaciones en el país”, “programas en el país” u “oficinas en el país”.

LOS POBRES

Cuanto más preciso sea el lenguaje, mejor. Del mismo modo que evitamos hacer afirmaciones generales sobre poblaciones “objetivo” o “en riesgo” (¿en riesgo de qué?), también somos partidarios de ser lo más específicos posible al describir niveles socioeconómicos. Por ejemplo, en lugar de referirnos a las “comunidades pobres de Urabá”, podemos referirnos a las “comunidades de Urabá, una región de bajos ingresos de Colombia que lucha contra los efectos de un conflicto armado de décadas”.

Esta formulación nos permite comunicarnos sobre personas en lugares pobres sin estigmatizar a las personas mismas. Llamar a las personas o comunidades “pobres” es, en el mejor de los casos, generalizar en exceso y, en el peor, implicar una cualidad intrínseca. Pero la pobreza es a menudo circunstancial, por lo que esta formulación también intenta aclarar por qué la región es de bajos ingresos en primer lugar.

¿QUÉ CAMBIOS HA REALIZADO USTED?

Si bien tenemos más trabajo que hacer como comunicadores, estamos comenzando el nuevo año con el lenguaje inclusivo en mente. ¿Es usted un profesional de desarrollo mundial cuyo lenguaje ha evolucionado con el tiempo? ¿Qué obstáculos hicieron que fuera difícil deshacerse de la jerga obsoleta de la industria? ¿Qué sugerencias tiene para nosotros? Lo invitamos a dejar sus comentarios a continuación.  

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